
La montaña que no aparece en los mapas

un cuerpo cansado,
un corazón que duda,
y la libertad de elegir el siguiente paso.
Los griegos decían que había montañas que no aparecen en los mapas…
Montañas, que no podían encontrarse siguiendo los caminos de los cartógrafos, ni aparecían en los pergaminos de los navegantes.
Y no porque estuvieran ocultas por la niebla o protegidas por los dioses, ni elevadas por las fuerzas de la naturaleza…
No importa el lugar, el nombre o la historia que dejaron escrita.
Hay un momento en la vida de cada uno donde el camino conocido termina, y aparece una pendiente que no estaba en ningún sitio.
Y cuando aparece la montaña, aparece también un caminante.
Nadie recuerda su nombre…
Quizá porque no es únicamente una persona, o quizá porque los antiguos sabían que algunos relatos no necesitan nombres, sino testigos.
Él era uno de ellos.
No tenía una espada forjada por los dioses, ni una profecía esperando su cumplimiento.
Solo tenía aquello que todos tenemos cuando la vida nos coloca delante una montaña:
Y empezó a caminar.

